El pequeño Tomás estaba pasando unos días con su abuela.
Llevaba un rato jugando fuera con otros niños cuando entró en la casa y le preguntó:
- Abuela, ¿cómo se llama cuando dos personas duermen en el mismo cuarto y una de ellas está encima de la otra?
La abuela se quedó un poco sorprendida, pero decidió decirle la verdad.
- A eso se le llama relaciones sexuales, cariño
El pequeño Tomás dijo:
- Aha..! y volvió a salir a charlar y jugar con los otros niños.
Unos minutos después volvió a entrar y dijo todo enojado:
- Abuela, no se llama relaciones sexuales!, se llaman literas! Y la madre de Juan quiere hablar contigo!!!
¿Supiste que falleció el jefe?
- Sí, pero quisiera saber quien fue el que falleció con él.
- ¿Por qué lo dices?
- ¿No leíste el aviso de defunción? Allí decía: ‘…y con él se fue un gran colaborador’…
- Este es el cuarto día que usted llega tarde esta semana. ¿Qué conclusión saca de eso?
EMPLEADO:
- Que hoy es jueves…
Mientras mi jefe actúe como si me estuviera pagando un buen sueldo…
yo actuaré como si estuviera haciendo un buen trabajo.
JEFE:
- ¿Quién le dijo que usted puede pasarse dando vueltas sin trabajar todo el día, sólo porque le he dado unos besos en la boca???
SECRETARIA:
- Mi abogado…
JEFE DE PERSONAL: - Aquí buscamos un empleado que no se amilane ante ningún trabajo, y no se enferme nunca.
-CANDIDATO: OK, yo le ayudo a buscarlo.
Manuel, yo sé que el sueldo no le alcanza para casarse…, pero algún día me lo agradecerá.
¿Te acuerdas de tu primer condón?
Me acuerdo de mi primer condón.
Era cuando tenía 16 años. Fui a comprar un paquete de condones.
La empleada de la tienda era muy bonita, y se dio cuenta de que yo era completamente novato en esas cuestiones. Me entregó el paquete y me preguntó si sabía cómo usarlos.
Yo le contesté con sinceridad:
- No.
Así es que ella abrió el paquete, tomó uno de los condones y se lo puso en el pulgar. Me dijo que me asegurara de que quedara ajustado y seguro.
Yo, debí parecer absolutamente confundido.
Ella revisó la tienda. Estaba vacía. Me dijo ‘Espérate un minuto’, se dirigió a la puerta, de la mano, me llevó a la trastienda, se desabotonó la blusa y se la quitó. Se desabrochó el sostén y lo dejó de lado. Me preguntó, ‘¿Te sientes excitado?’
La verdad es que yo era tan bobo, que todo lo que pude hacer fue asentir con la cabeza.
Me dijo que era hora de ponerse el condón.
Mientras yo me lo ponía, ella se quitó la falda y las bragas y se acostó en el escritorio.
‘Venga’, me dijo. ‘No tenemos mucho tiempo’.
Me eché encima. Fue fantástico. Desafortunadamente, no duré mucho y, en unos cuantos minutos, todo había terminado. Se me quedó mirando con el ceño fruncido.
‘¿Te pusiste el condón?’
‘Claro’, le dije, mientras le enseñaba el pulgar.